Las cifras de abuso sexual en Medellín siguen creciendo y encendieron las alarmas entre las autoridades y organizaciones que acompañan a las víctimas. En lo corrido del año, se han reportado cientos de denuncias que evidencian una problemática que, más allá de los números, refleja una profunda herida social.
Los casos más frecuentes involucran a menores de edad y mujeres jóvenes, muchas veces atacadas en entornos cercanos a su hogar o incluso por personas de confianza. Aunque la Alcaldía y la Fiscalía han fortalecido los canales de denuncia, los expertos advierten que la mayoría de los hechos no se reportan por miedo, vergüenza o desconfianza institucional.
En los barrios populares y en las comunas del norte y el centro de la ciudad, los equipos de atención han identificado un patrón preocupante: muchas víctimas guardan silencio por años antes de buscar ayuda, lo que dificulta el acceso a la justicia y al acompañamiento psicológico que necesitan.
Colectivos feministas y defensores de derechos humanos han reiterado el llamado a fortalecer la educación sexual, la prevención y la formación en entornos escolares y familiares. También piden que las autoridades garanticen rutas efectivas y seguras para denunciar, evitando que las víctimas sean revictimizadas durante el proceso.
La ciudad cuenta con centros de atención integrales donde se brinda acompañamiento jurídico, psicológico y médico, pero el reto está en que las víctimas se sientan protegidas y no solas. Cada historia detrás de estas denuncias representa una vida marcada por el dolor, pero también una oportunidad para que Medellín se comprometa, como sociedad, a romper el silencio y proteger a quienes más lo necesitan.
































